viernes, 2 de octubre de 2009

León Trahtemberg y la universidad

Profesores principales (cada vez menos) o contratados (cada vez más)

León Trahtemberg

(Fuente: http://www.trahtemberg.com/articulos/1429-profesores-principales-o-contratados-.html)

La comunidad académica norteamericana está muy preocupada por la drástica reducción de profesores principales como catedráticos en las universidades públicas y privadas, a la par del aumento de catedráticos contratados sin nombramiento, estabilidad ni beneficios sociales. La corriente privatizadora de los últimos 30 años ha penetrado las universidades y ha creado un ambiente de pseudo-mercado en el que las universidades públicas marginalizan a los profesores estables. Usan mecanismos de mercado con el benchmarking, ratings de dólares generados, evaluaciones de estudiantes y atributos similares, para tomar decisiones sobre la continuidad de los catedráticos contratados.

Dan Clawson, profesor de Sociología de la Universidad Amherst de Massachussetts reporta el tema en el volumen 324 de la revista Science del 29/5/2009. Señala que el cambio de paradigmas de la gestión universitaria influida por la privatización ha hecho girar el concepto de presidente de la universidad hacia el de CEO (Chief Executive Officer), y el de administración universitaria al de gerencia. Dado que el tiempo promedio de permanencia de un presidente es de 8,5 años y el de un rector es 5.2 años, ellos están muy interesados en mostrar logros de corto plazo y con ello tener buenas cartas de presentación para sus próximos trabajos. Todo ello crea un clima universitario de gestión empresarial, en el que lo que interesa son los resultados que puedan exhibirse en el corto plazo en desmedro de las investigaciones con resultado de largo aliento.

En 1970 el 55% del profesorado universitario de tiempo completo que comprendía 369,000 académicos y profesionales era profesorado principal estable. Estas cifras bajaron a 41% en el 2003 y a 31% en el 2007 pese a que el profesorado total creció a 676,000. En el mismo tiempo, el número de profesores contratados de tiempo parcial creció de 22% a 49%. A su vez, los sueldos reales de los profesores principales apenas subieron en 5% mientras que los costos de las pensiones estudiantiles subieron 125% en las universidades públicas y 253% en las privadas (lo que desestima el argumento de que se prefiere a los contratados por un problema de costos salariales).

Los argumentos de los propulsores de esta tendencia en las universidades a reducir la cantidad de profesores principales estables y aumentar la de los contratados son diversos: las garantías de empleo permanente lindan con permitir inmoralidades, inhibe las estrategias de recolocación estratégica de recursos humanos, protege a los incompetentes, limita la posibilidad de reemplazar un profesor ineficiente por otro más eficiente, limita la capacidad de la gerencia de producir mejoras, debilita la autoridad de los ejecutivos. Su visión es la de la universidad como un negocio que tiene un producto que es ofrecido a los estudiantes clientes y que tiene que exhibir una alta rentabilidad.

En cambio los defensores del profesorado estable sostienen que ellos son los que sostienen la creatividad, se atreven a hacer investigación más arriesgadas, apelan más a la libertad de expresión y a hacer ofertas de estudios innovadores a los estudiantes, porque no viven con el temor de que si se salen de la línea de simpatía de la gerencia serían despedidos. Además, esos profesores que tienen continuidad son los que pueden hacer la investigación de largo aliento, atender como tutores o asesores a los estudiantes a lo largo de los años, sin que tengan que sufrir las continuas rotaciones. Con catedráticos disidentes que cuestionan los saberes convencionales los estudiantes se sienten más estimulados a pensar en nuevos paradigmas.

Su visión es la de la universidad como un centro de producción de conocimientos donde los estudiantes son educados (no solo entrenados) y en el que el equipo docente debería tener intervención en la evaluación entre pares que conocen la relevancia de los campos académicos (más que de los gerentes preocupados por los costos) y tener además una continuidad en el tiempo para permitir que la universidad cumpla con su misión.

Sin duda el debate en Estados Unidos tiene implicancias para el Perú porque el crecimiento explosivo de institutos y universidades privadas empresariales muestra un comportamiento similar en cuanto a preferir las áreas académicas más rentables, poca investigación (si alguna) de largo aliento, contratación de profesores de tiempo parcial o completo por contratos temporales, con equipos estables muy pequeños y funcionales a los promotores. Esta tendencia también se expresa en las universidades públicas en las que no se abren nuevas plazas para profesores estables.

Quizá el Perú podría buscar una opción intermedia a través de un centro de altos estudios científicos, que diera trabajo a los más notables y reconocidos científicos peruanos, para que se dediquen a investigar, sin las limitaciones de tener que presentar resultados en el corto plazo porque de lo contrario no les van a renovar sus contratos.



HACIA LA UNIVERSIDAD GLOBAL

(Fuente: http://www.trahtemberg.com/)

León Trahtemberg: “la universidad peruana debe mejorar internamente para globalizarse”.


Para el experto en temas educativos León Trahtemberg la universidad va camino a cumplir la promesa de su nombre: la universalización de la educación, y ello significa hoy que ya es una posibilidad que lo estudiado en el Perú se continúe en Europa, en Estados Unidos o Asia. En esta entrevista los últimos avances al respecto.

–En Europa se viene llevando a cabo una internacionalización de los estudios, de manera que los jóvenes europeos estudien bajo un mismo formato y título. En Sudamérica ¿es esto posible? ¿Es bueno para el Perú? ¿Estamos en el país listos para ello?

–Los acuerdos de Bolonia en 1999 pretendían crear un espacio europeo de educación superior que suscribieron cerca de 50 países con el objetivo de permitir la movilidad internacional de sus estudiantes, docentes e investigadores universitarios mediante una estructura de enseñanza común, la acreditación de los estudios, y un modelo de titulación equivalente para todos. Es perfectamente posible también en Sudamérica, pero previamente cada país tiene que tener su propio sistema de acreditación –que en el Perú aún no hay–, para que a partir de ellos se puedan fijar estándares comunes. Conociendo a Latinoamérica, creo que lo que va a ocurrir es que cada universidad buscará pares reconocidos con quienes acreditarse, antes de llegar a una situación de acreditación generalizada.

–De ser posible, ¿en qué se mejoraría a la educación? De no serlo, ¿qué perderíamos?

–La existencia de estándares externos obliga a las instituciones a autoevaluarse, autocriticarse y luego mejorar para llegar a las metas. Si se llegara a una situación en la que el Estado solo pusiera dinero en carreras acreditadas, o que las empresas solo contrataran egresados de universidades acreditadas, se generaría una presión adicional hacia la superación. No le veo mayores desventajas porque en aquellas carreras en las que la universidad no quisiera acreditarse internacionalmente por las particularidades que esta pudiera tener, y el prestigio local le resulta suficiente, no tendría que hacerlo.

–¿Qué otra dimensión se avecina en el mundo de las acreditaciones?

–Pronto veremos una nueva dimensión de las acreditaciones, que es la de los títulos obtenidos por estudios a distancia con cualquier universidad del mundo. ¿Cómo se valida eso? Los países tendrían que desarrollar sistemas inteligentes para reconocer esos títulos y a la vez evitar las falsificaciones o compras de títulos sin valor. Supongo que surgirán acreditadoras del estilo de las ISO o los certificados internacionales de Microsoft, que son reconocidos por todo el mundo sin importar adónde se haya estudiado, porque es la empresa que los firma la que les da el valor internacional.



UNIVERSIDADES: EVOLUCIONAR O MORIR

León Trahtemberg

(Fuente: http://www.trahtemberg.com/articulos/1308-universidades-evolucionar-o-morir.html)


En una entrevista que me hiciera la revista Caretas para la edición del 02 de octubre del 2008 en la que publicó su segundo informe anual sobre universidades, tuve un interesante diálogo con el redactor que por razones de espacio no salió publicado en su versión extensa, por lo que aquí la reproduzco completa. Espero que sea útil para nuestros lectores.

¿Cuáles son los problemas básicos de la educación universitaria en el Perú?
No puedo generalizar porque hay universidades de todo tipo y calidad, pero sin duda se observa en muchas universidades tres enfermedades: 1) El escaso esfuerzo por la investigación, especialmente en ciencia y tecnología, que es lo que normalmente coloca a los países en la frontera del conocimiento en aquellos campos que priorizan para la investigación. 2). En lugar de estar en la vanguardia creando la agenda del debate sobre el desarrollo -sobre el cual pueden influir-, parecen estar en la retaguardia, analizando y documentando lo que ya pasó -en lo que ya no pueden influir-. 3) Mantienen un notorio aislamiento y mudez social. Las universidades trabajan para adentro, interactúan muy poco con el medio ambiente cultural, social y empresarial, y están ausentes en los debates y propuestas de los grandes temas nacionales. No se ven pronunciamientos de las universidades en temas como medio ambiente, transgénicos, pobreza e inequidad, CVR, narcotráfico, corrupción, etc. Parecen tener anteojeras para ocuparse solamente de su actividad académica o formación profesional sin mirar alrededor. La mudez de las universidades se transforma luego en mudez de sus catedráticos para tocar estos temas dentro y fuera de la universidad.

¿Qué experiencias internacionales existen con problemas similares y cómo los encararon?
En América Latina los golpes militares y regímenes totalitarios aplastaron la voz de las universidades e instalaron el paradigma "no hables, no opines, no te metas, cuida tu pellejo". Pocos se han recuperado de esa represión cultural y cívica. En el Perú eso sigue muy presente. En el primer mundo esto se resuelve de maneras muy sencillas: 1). Toda reforma educativa tiene que pasar por un acuerdo entre empresarios, estado y universidades. 2). El estado y el mundo de la empresa invierten en las universidades para producir investigaciones aplicadas y tecnología, para lo cual además hay incentivos tributarios. 3). Las universidades tienen revistas muy prestigiadas que publican las opiniones institucionales y de sus catedráticos. Organizan eventos académicos de notable interés periodístico donde todo el tiempo editorializan y además sus catedráticos se pronuncian y publican sobre los problemas nacionales y la agenda del futuro. Así, el público tiene a su disposición infinidad de fuentes de opinión muy reputadas y actualizadas que le ayudan a tomar su posición.

¿Cuál es la solución inmediata, mediata y a largo plazo? Creo que pueden ayudar a dar este salto el uso de fondos estatales y privados concursables e incentivos tributarios para que las universidades investiguen los temas de la agenda nacional que están en las prioridades de los ministerios y de las empresas. Lo otro, lo de su indiferencia ética y mudez social, es un problema cultural más profundo. Las universidades deben hacer una seria autocrítica y buscar sus caminos recordando que son el último y privilegiado recinto desde el que los intelectuales y expertos pueden aportar sus ideas al país. Sin ellos, todo el espacio queda ocupado por la propaganda oficial y los reportes periodísticos que tienen un limitado valor académico.

Ante ello, ¿Qué deben hacer hoy las universidades para mejorar su docencia y los universitarios para construirse un mejor futuro? Yo creo que el Perú necesita contar con un centro de altos estudios científicos que agrupe la elite de los investigadores peruanos, para que al juntarse y generar sinergias, -contando con un fuerte financiamiento y empoderamiento científico por parte del estado en alianza con los empresarios-, puedan empezar a producir teorías y patentes que aporten a la ciencia y tecnología mundial y a los emprendimientos peruanos. Su producción, por efecto de chorreo, elevará luego el nivel académico de las universidades peruanas. Así ocurre por ejemplo en Israel con el Instituto Weizman que tiene logros espectaculares a nivel mundial.

Ante el panorama descrito en sus respuestas, ¿Qué deben hacer hoy los universitarios para construirse un mejor futuro? Mientras las universidades peruanas se vayan revolucionando –o modernizando-, sugiero apostar por globalizar la formación del universitario. Creo que tiene mucha ventaja quien hace al menos un post grado en el primer mundo, especialmente en Estados Unidos que es el líder del mundo, pero también puede ser en Australia, Nueva Zelanda, Japón o algún país europeo. Sus universidades lideran la investigación científica y los desarrollos tecnológicos en el mundo de sociedades democráticas afines a las latinoamericanas y tienen fuertes vínculos con el estado y el mundo empresarial. Se ven distintas las cosas desde el 1er mundo que desde el 3er mundo.

LIMITADAS UNIVERSIDADES DE AMÉRICA LATINA
León Trahtemberg

(Fuente: http://www.trahtemberg.com/articulos/1308-universidades-evolucionar-o-morir.html)

¿Cuáles son los problemas básicos de la educación universitaria latinoamericana? No se puede generalizar porque hay universidades de todo tipo y calidad, pero sin duda se observa en muchas universidades tres enfermedades:

El escaso esfuerzo por la investigación, especialmente en ciencia y tecnología, que es lo que normalmente coloca a los países en la frontera del conocimiento en aquellos campos que priorizan para la investigación.

En lugar de estar en la vanguardia creando la agenda del debate sobre el desarrollo -sobre el cual pueden influir-, parecen estar en la retaguardia, analizando y documentando lo que ya pasó -en lo que ya no pueden influir.

Mantienen un notorio aislamiento y mudez social. Las universidades trabajan para adentro, interactúan muy poco con el medio ambiente cultural, social y empresarial, y están ausentes en los debates y propuestas de los grandes temas nacionales. No se ven pronunciamientos de las universidades en temas como medio ambiente, transgénicos, corrupción, pobreza e inequidad, Derechos Humanos, etc. Parecen tener anteojeras para ocuparse solamente de su actividad académica o formación profesional sin mirar alrededor. La mudez de las universidades se transforma luego en mudez de sus catedráticos.

Esto ocurre, entro otras razones, como consecuencia a que en América Latina los golpes militares y regímenes totalitarios aplastaron la voz de las universidades e instalaron el paradigma "no hables, no opines, no te metas, cuida tu pellejo". Pocos se han recuperado de esa represión cultural y cívica.

En el primer mundo el desarrollo universitario se plantea en términos muy diferentes que les dan muchas ventajas frente a las latinoamericanas. 1). Toda reforma educativa tiene que pasar por un acuerdo entre empresarios, estado y universidades. 2). El estado y el mundo de la empresa invierten en las universidades para producir investigaciones aplicadas y tecnología, para lo cual además hay incentivos tributarios. 3). Las universidades tienen revistas muy prestigiadas que publican las opiniones institucionales y de sus catedráticos. Organizan eventos académicos de notable interés periodístico donde todo el tiempo editorializan y además sus catedráticos se pronuncian sobre los problemas nacionales y la agenda del futuro.

Para reformular el enfoque latinoamericano podría ayudar el uso de fondos estatales y privados concursables e incentivos tributarios para que las universidades investiguen los temas de la agenda nacional que están en las prioridades de los ministerios y de las empresas. Lo otro, lo de su indiferencia ética y mudez social, es un problema cultural más profundo. Las universidades deben hacer una seria autocrítica y buscar sus caminos recordando que son el último y privilegiado recinto en el que los intelectuales y expertos pueden aportar sus ideas al país.

En aquellos países en los que hay muchas universidades y escasa investigación lo que se podría hacer para mejorar el nivel de su docencia es empezar instalando al menos un centro de altos estudios científicos que agrupe a la elite de los investigadores nacionales. Estos, juntos, actuando sinérgicamente, pueden generar ciencia y tecnología propia, en la medida que cuenten con un fuerte financiamiento y empoderamiento científico por parte del estado en alianza con los empresarios, con lo que puedan empezar a producir teorías y patentes que aporten a la ciencia y tecnología nacional y mundial. Su producción, por efecto de chorreo, elevará luego el nivel académico de las universidades. Así ocurre por ejemplo en Israel con el Instituto Weizman que tiene logros espectaculares a nivel mundial.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Artículos de Zenón Depaz Toledo

El Perú avanza en analfabetismo funcional


Por: Zenón Depaz Toledo (Diario La Primera: 030211)

Hace un mes, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD), emitió el Informe conocido como PISA (siglas, en inglés, del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes). Se trata de un documento de la mayor importancia, que muestra los resultados de exámenes practicados durante tres años (en este caso hasta el 2009), a estudiantes que están finalizando lo que nosotros llamamos secundaria, en tres aspectos: comprensión de lectura, matemáticas y ciencias empíricas. El gobierno ha soslayado su contenido, buscando que pase inadvertido, y lo poco que ha dicho ha sido tendencioso, lo cual equivale a mentir.

Como señal somera de la importancia de estos informes, baste mencionar que, a la vista de sus resultados para los Estados Unidos, el presidente Obama anunció para su país una ambiciosa agenda de reforma educativa, denominada “Carrera hacia la cima”, adoptando las evaluaciones y estándares internacionales de calidad educativa propuestas.

Las pruebas PISA evalúan 65 países o “economías” (China expone a evaluación diferenciada tres “economías” suyas: Shanghai, Hong Kong y Macao; hecho muy revelador de los alcances de su política educativa). Según el informe de diciembre, lideran los resultados Corea y Finlandia, seguidos por Hong Kong (China), Singapur, Canadá, Nueva Zelandia y Japón, así como por Shanghai (China) y Macao (China). No es una casualidad que se trate de los países de más notable desempeño en términos de desarrollo en las últimas décadas.

El puesto que ocupa el Perú en ese informe es el antepenúltimo (apenas por encima de Azerbaijan y Kyrgyzstan), situándose, por tanto, entre los países cuyos resultados se consideran inferiores al promedio mínimo deseable. Ello significa que, según estándares internacionales, el rendimiento promedio de nuestros egresados de la secundaria corresponde al analfabetismo funcional, tanto en comprensión de lectura, como en información científica básica. ¿Se entiende ahora el nivel de “lectoría” que tiene aquella basura “periodística” como El Chino o Ajá, que “informan” a su clientela masiva del nacimiento del “hombre cuy” o del descubrimiento del infierno por “científicos rusos” que cavaron en la tierra? ¿Y cree el presidente García o su deplorable ministro de Educación que el Perú avanza con ese grado de analfabetismo?

Estos resultados constituyen una denuncia a la orientación de las políticas educativas en el país en las últimas tres décadas. Por ello, el Fujimorismo, en cuyo periodo fueron emitidos los primeros informes PISA (2000), decidió ocultarlos y no participar en las evaluaciones para los años siguientes (2003 y 2006). Nueve años después del desastre que Fujimori ocultó, maquillándolo con muros escolares color naranja, constatamos que en analfabetismo funcional el Perú avanza. Será por ello que los herederos de Fujimori, hoy en diversas tiendas “políticas”, confían en continuar timando a sus electores.



Universidad y sociedad anómicaZenón Depaz ToledoEx Jefe de la Oficina de Coordinación Universitaria del Ministerio de Educación

Diario La Primera, 15/09/08

Muchas universidades públicas están controladas por mafias de autoridades y “dirigencias” estudiantiles corruptas

Comentando la situación de la educación universitaria en el Perú, dábamos cuenta de una absoluta ausencia de mecanismos de regulación y garantía pública de estándares mínimos de calidad académica, graficada en hechos escandalosos como la existencia de cientos de filiales compitiendo en la venta de grados y títulos universitarios con los falsificadores del jirón Azángaro; de las cuales, en el colmo de la anomia, la mayor cuota corresponde a una “universidad” –con ello, también la de mayor matrícula en el país– cuyo funcionamiento nunca fue autorizado por el único organismo público que tiene potestad para ello: CONAFU.

Esto ocurre en el más alto nivel del ámbito educativo (que hoy tiene atención prioritaria en los países que encaran con seriedad el tema del desarrollo), ante la sospechosa indolencia del gobierno y los operadores políticos del “consenso” neoliberal heredado por el fujimontesinismo (muchos de ellos, empezando por los encargados del tema educativo, involucrados directamente en este negocio), bajo la coartada de la autonomía universitaria, que sólo sirve ahora para legalizar el abandono de la universidad por parte del Estado, incluyendo a las universidades públicas, libradas a su suerte, muchas de ellas controladas por mafias de autoridades y “dirigencias” estudiantiles corruptas (merced a reglas de juego provistas por la actual Ley Universitaria, que favorecen su accionar) que suman lo suyo a la deplorable situación antes señalada.Tal es el panorama universitario en nuestro país, con excepción de muy pocas universidades privadas (las que, por lo mismo, han tendido a elitizarse en cuanto al sector social del que procede su comunidad universitaria) y públicas (en mayor número, aunque igualmente escaso). Con la desventaja para estas últimas, de hallarse permanentemente en riesgo de que el cambio de una administración eficiente –que las hay- por una mediocre y corrupta –suelen ser las más, habiendo probado que pueden apoderarse hasta de las de mayor prestigio-, ponga en riesgo sus avances y su vida institucional.

Nos ocupamos de este tema –y aún continuaremos haciéndolo– porque, contrastando con la cómplice indolencia del gobierno al respecto, se trata de un ámbito decisivo para el desarrollo nacional, si pensamos seriamente en ello, puesto que, tengámoslo claro, no hay posibilidad alguna de desarrollo sin una educación superior que forme, con estándares de calidad internacionales, los cuadros dirigentes del país y sus regiones (hoy caracterizados, para vergüenza y perjuicio nuestro, por su extrema mediocridad intelectual y moral), y genere conocimiento que incorpore valor agregado a nuestra producción.


Más sobre estafa educativa
Zenón Depaz Toledo
Diario La Primera, 16/09/08

“El problema actual de la educación universitaria es la apertura inorgánica de filiales universitarias en diversas localidades del país, que son manejadas con fines de lucro, sin ningún control de calidad sobre la oferta educativa y sin autorización”, señala, en su página web, el Consejo Nacional para la Autorización de Fun-cionamiento de Universidades (CONAFU).

Según la Asamblea Nacional de Rectores (ANR), habría 36 filiales autorizadas para funcionar (número mayor, notémoslo, al de la totalidad de universidades públicas existentes). Una vez en funcionamiento, no hay control alguno sobre el alcance y calidad de su cobertura, llegando algunas a tener mayor matrícula que muchas universidades públicas. En esta situación absolutamente irregular y perniciosa para la marcha de la educación universitaria en nuestro país, la estafa pública tiene curso impune (los grados y títulos se otorgan “a nombre de la Nación” y sin señal alguna de las condiciones en que se obtuvieron) y alcanza dimensiones surrealistas, que la estadística de la ANR hace caso omiso, pues el número efectivo de filiales supera holgadamente los tres centenares y discurre en las condiciones más inverosímiles: sin elementales servicios como bibliotecas o hemerotecas; instaladas en talleres, garages, azoteas, mercadillos, colegios públicos (del ministerio respectivo no esperemos opinión alguna; siendo el propio ministro dueño de varias filiales), o simplemente en ningún lugar (bajo modalidades eufemísticamente denominadas “a distancia” o de “educación virtual”), pero otorgando igualmente grados y títulos.

Sintomáticamente, nombres de santos, ángeles y papas tienen invocación preferencial en este ámbito de la anomia instalada. Alguna “universidad” chimbotana, que de los ángeles sólo tiene el nombre y la ubicuidad, con sinnúmero de filiales, para mayor y sagrada custodia ahora se denomina Universidad Católica (¡!). En otra, el grupo que la controla, para deshacerse de otro bando, se cambió de nombre y ahora resulta ser la tan esperada “Universidad Científica del Perú” (¡!). Entretanto, la denominación de algunas otras convierte en aspiración esta absoluta falta de regulación: “Universidad Autónoma del Perú”;… ¿autónoma de qué?, o ¿con respecto a quién? En algún otro caso, no cabe duda de que tal autonomía se ejerce en relación al más elemental significado: “Universidad Peruana de Integración Global”… ¿Tal vez entendió usted qué quiere decir?... Mejor continuaremos hablando al respecto.



La privatización de la universidad peruana

Zenón Depaz Toledo
El Colegio de Abogados de Lima, preocupado por el deterioro en la calidad de la enseñanza del Derecho, producido por facultades, filiales y programas a distancia, sin garantía de calidad académica, está promoviendo una Iniciativa Popular para que el Congreso de la República revise las normas pertinentes. Doce ex decanos suyos han emitido un pronunciamiento respaldando tal iniciativa.

Aquel fenómeno había sido ya documentado por Luis Pásara (2004) en un prolijo informe elaborado por encargo del entonces Ministro de Justicia Baldo Kresalja, que daba cuenta de las condiciones surrealistas (ausencia de sílabos, planes de estudio y bibliotecas, funcionamiento en casas o locales comerciales, etc.) en que discurría la enseñanza del Derecho en instituciones surgidas en el marco del DL 882 (1996) que hizo posible la creación de universidades con fines de lucro, sin establecer garantía alguna de su calidad una vez autorizadas. Aquella oferta universitaria privada, mayoritariamente deleznable y fraudulenta, apostó a capitalizar con celeridad ofertando indiscriminadamente grados y títulos. Hoy la matrícula en tales instituciones supera ampliamente la de las universidades públicas, sancionando así la privatización de la universidad peruana.

Tan sólo la “universidad” Alas Peruanas (una de las que más aportan a este panorama kafkiano, al funcionar con 26 sedes en todo el país, sin reconocimiento del CONAFU, único ente con potestad de autorizar la creación de universidades), en una publicación con motivo de su 12º aniversario, da cuenta de más de 15,000 ingresantes en el primer proceso de admisión de este año (¡habrán otros dos!); sumando los 16, 443 alumnos que reporta en tan sólo sus filiales, ya supera de lejos a toda la población estudiantil de San Marcos, primera universidad pública del país… Mientras tanto, el ministro de Defensa nombra a su rector miembro del Comité Consultivo de su sector, el Ejército lo condecora con su máxima distinción para civiles por su “servicio” al país, el Presidente del Congreso de la República recibe del mismo una camioneta 4 x 4 para sus donaciones a Ica, y (¿qué dirá el Colegio de Abogados?) el Presidente del Poder Judicial y la Corte Suprema recibe en la filial de Trujillo un doctorado Honoris Causa… ¿Hablamos, entonces, de los mecanismos de impunidad en este sector?.. Lo haremos, al menos en esta columna.



Privatismo y pauperización en la universidad


Zenón Depaz Toledo


Publicado en La Primera - 23/09/08 -

Desde el año 2006 la matrícula en las 58 universidades privadas creadas (hay otras 13 en lista de espera) supera ampliamente a la de las 35 públicas. Si sumamos las filiales o modalidades sin control alguno, como la educación a distancia, este fenómeno es aún de mayor magnitud. De hecho, la educación universitaria en nuestro país se ha privatizado y tal tendencia se acentúa. Pero, en el sector privado hay universidades y “universidades”: están aquellas sin fines de lucro, cuya propiedad corresponde al conjunto de su comunidad universitaria (como la UPCH, la PUCP, UPAO o la UCSM); y, aquellas otras creadas al amparo del DL 882, emitido por el fujimontesinismo, con explícito fin de lucro. Son estas últimas las que tienden a crecer sin control y es también en ellas donde cunden las filiales y la denominada educación “a distancia”.

Esta tendencia halló soporte en el discurso neoliberal que propone un retraimiento del Estado en su atención a demandas sociales básicas, como la educación y la salud, para dejar que las resuelva el mercado. No obstante, ni en la Inglaterra de Thatcher o en el Chile de Pinochet (fetiches políticos de aquel discurso) el fundamentalismo fue tal que perdieran de vista el valor estratégico de la universidad pública en la producción de ciencia y tecnología, factor de poder decisivo en la sociedad del conocimiento. Las universidades más sólidas allí, como en el resto del mundo, son públicas. La investigación científica, cuya rentabilidad –de primer orden– se aprecia en el mediano y largo plazo, no es una actividad compatible con la lógica de rentabilidad de corto plazo al que atienden las universidades con fines de lucro, que por ello tienden a proveer carreras de escasa inversión en logística o formación de cuadros. Las universidades que desarrollan investigación en nuestro medio son o públicas o privadas sin fines de lucro las que, por lo mismo, tienden a un mayor cuidado de la calidad académica.
Más allá de la propaganda falaz, así lo percibe la ciudadanía, a juzgar por datos como la tasa postulante-ingresante (mayor en estas universidades) como la que muestra el reciente examen de admisión de la UNMSM (12:1), dando cuenta de una alta selectividad, mientras en la casi totalidad de universidades con fines de lucro no hay número para las vacantes que ofrecen y, por tanto, tampoco selección –ni exigencia de inicio o posterior– alguna.

lunes, 3 de agosto de 2009

Modesto Montoya y la Ciencia en el Perú

El reto de la ciencia

Por Modesto Montoya

Diario El Comercio 31-07-08

Aquellos que estamos convencidos de que el país no podrá salir de la pobreza sin ciencia y tecnología, hemos quedado defraudados del discurso a la nación que pronunció el presidente Alan García. La palabra ciencia, ni la pronunció. Dijo, en cambio, que el país requiere más tecnología y máquinas, por ello, el Gobierno redujo los aranceles el año pasado y las importaciones aumentaron 32% en ese período.

La raíz del desdén por la tecnología en nuestro país está precisamente en la confusión que tienen nuestros políticos y empresarios cuando se refieren a ese concepto. Numerosos pensadores, como Mario Bunge, señalan que la técnica (o tecnología, como dicen los anglizados) no es una pila de artefactos, sino un cuerpo de ideas.

Francisco Miró Quesada señala que "no se puede hablar de tecnología sin hablar de ciencia, y no se puede hablar de ciencia si uno no se ha quemado las pestañas durante años tratando de comprender lo que ella en sí misma significa para el decurso de la historia humana".
Pero es tiempo de que nuestros líderes se quemen un poco las pestañas y, en los momentos más importantes de nuestra historia, nos hablen de ciencia y tecnología, en vez de aturdirnos con cifras escogidas para ocultar la falta de planes para el futuro del país.

La gran mayoría de políticos en nuestro país evita las palabras ciencia y tecnología. Según Miguel Ángel Quintanilla, esto nos viene de España, y cree que nuestro mundo cultural, nuestro ámbito cultural, es uno de los mundos, de las tradiciones culturales, en el que más dificultad ha habido para conseguir una reflexión libre, de carácter intelectual, una reconstrucción intelectual de una experiencia vinculada a la ciencia, a la tecnología, durante siglos. Hace cinco siglos, según Américo Castro, pensar en forma original, construir edificios conceptuales nuevos, independientes de lo que la ortodoxia religiosa política imponía, era ser sospechoso de herejía, no por lo que se pensara, sino por el hecho de pensar.

Los artefactos, las máquinas, son productos de la tecnología. La tecnología es el saber hacer esas máquinas. Está en el cerebro de los técnicos, ingenieros y científicos que trabajaron para construir esas máquinas. La tecnología no se compra, se forma en la mente colectiva de los pueblos a través de la educación y la investigación.

Para que nuestro país no se reduzca a comprar máquinas y más bien exporte productos o servicios tecnológicos de alto valor, debe formarse un verdadero Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología, en el que, a través de la investigación, se resuelvan los problemas tecnológicos más urgentes, uno de los cuales es brindar agua sin tener que comprar máquinas ni quemar combustible para desalinizar agua de mar.

La tecnología no se compra. Está, por ejemplo, en los cerebros de miles de científicos e ingenieros peruanos que no pueden regresar al Perú porque el gobierno actual restableció la prohibición de nombrarlos en los institutos de ciencia y tecnología. Cuando comprendamos estos conceptos elementales para el hombre del siglo XXI, habremos empezado un período de esperanza, en el que la palabra ciencia esté presente en los planes de desarrollo del país.


¿DÓNDE QUEDA LA FORMACIÓN EN TECNOLOGÍA?
América Latina en la era digital

Por Modesto Montoya
El Comercio 25-12-07
Según el científico Juan Enríquez Cabot, los países que no realicen su inserción en la economía del conocimiento están condenados a la pobreza. Y esta inserción pasa primero por el uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en las actividades de investigación científica y tecnológica, educación, gobierno y salud. El libro "América Latina en la era digital", publicado por la Universidad Peruana Cayetano Heredia, muestra que hemos avanzado considerable trecho en esa dirección.

En América Latina se está investigando sobre procesamiento digital de señales, redes neuronales, robots en medicina. La producción industrial ya empezó un proceso de automatización, eliminando a su paso puestos de trabajo rutinario.

Se ha fundado la Red Académica Peruana (RAAP) para elaborar y ejecutar proyectos de colaboración internacional. Se cuenta con una serie de revistas digitales y bibliotecas virtuales que abren una inmensa ventana de información para los investigadores. En general, las TIC han permitido la colaboración internacional que reduce las brechas aún persistentes entre países del hemisferio norte y hemisferio sur.

Debido al acceso a la información masiva, las TIC han cambiado el papel del profesor y da lugar a escuelas rurales y en comunidades indígenas, las que se comunican al mundo, favoreciendo la valoración de lo diferente y lo propio. En América Latina existen ya varias experiencias del llamado e-learning y de aprendizaje colaborativo en un sistema de educación internacional.
Las labores del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú han cambiado radicalmente con el uso de las TIC, creándose conciencia de la necesidad de cumplir con los objetivos de desarrollo de la Declaración del Milenio, enfocado en la mejora del bienestar humano.

Ahora se tiene innumerables comunidades cibernéticas de personas con intereses y problemas comunes, como es el caso de los pacientes del VIH. Los foros virtuales permiten a los pacientes investigar sobre sus problemas, y los médicos intercambian experiencias con sus colegas de todo el mundo. La telemedicina, aplicada en varias enfermedades, permite que pacientes residentes en lugares alejados tengan acceso al análisis y al tratamiento por médicos de hospitales avanzados. El Instituto de Medicina Tropical Alexander Von Humboldt y la Facultad de Medicina de la Universidad Peruana Cayetano Heredia usan las herramientas de las TIC en el manejo del VIH/sida. Ahora se cuenta con bases de datos integrados sobre información clínica, los que pueden llegar a cualquier centro médico y constituir una plataforma internacional para resolver problemas de diversa naturaleza.

La informática biomédica facilita el procesamiento de abundante información, de datos y conocimientos para la solución de problemas de salud, así como para la toma de decisiones médicas. Uno de los aspectos en los que resalta la importancia de las TIC es el tratamiento de las informaciones genéticas y la simulación de funcionamiento de proteínas u otros elementos a nivel molecular o celular, lo que facilita la búsqueda de la terapia adecuada de enfermedades o la creación de medicamentos apropiados. Con las TIC, se está construyendo una salud de inclusión, rompiendo los muros geográficos y culturales.

Inspirado en el modelo de la India, el Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica (Concytec) da prioridad al desarrollo de las TIC, considerándolas como una oportunidad para que el Perú exporte conocimiento. Esa idea es compartida por la Asociación Peruana de Software (Apesoft), la que informa que cada año crece la exportación de software peruano. Dada la trascendencia del uso de la TIC, en el Perú se ha creado la Comisión Multisectorial para el Desarrollo de la Sociedad de la Información (Codesi).

Si bien las TIC constituyen herramientas para desarrollar más rápida y eficientemente las actividades humanas, cada una de estas mantiene su naturaleza propia, la que evoluciona a ritmo de los descubrimientos científicos que realiza el cerebro humano, irremplazable en su función de descubrir y crear. Las TIC facilitan la creatividad, lo que no debe confundirse con reemplazo al cerebro creativo.

La formación de mentes creativas es una tarea de maestros creativos. Y esos maestros se forman mejor en la práctica de la investigación y la aplicación de las TIC, tema que tiene que ser tratado con la celeridad y la seriedad que corresponde a un país que ahora juega en la misma liga que el coloso estadounidense.



¿Cómo incentivar la inventiva?

Por Modesto Montoya

El Comercio 01-01-09

Con el argumento de incentivar la creatividad, en estos años se ha estado negociando convenios y tratados (TLC, por ejemplo) que incluyen el reconocimiento de la propiedad intelectual (PI), una de cuyas mayores expresiones es el invento, por el que puede obtenerse una patente.

Las patentes se refieren a cualquier invención, sea de producto o de procedimiento, en todos los campos de la tecnología, siempre que sea nueva, entrañe una actividad inventiva y sea susceptible de aplicación industrial. La patente da derecho a la exclusividad en el uso, la producción, la comercialización, así como en la cesión de derechos y licenciamiento.

En cuanto al resultado de esa manera de promover la inventiva y las patentes lo que se observa es que, entre 1984 y 1995, el número de solicitudes de patentes por año en el mundo era aproximadamente 900.000. Desde 1995 ese número creció sostenidamente hasta alcanzar casi el doble en el 2004.

En el Perú los estadounidenses gestionaron 295 solicitudes de patentes en 1996 y 476 en el 2006. El problema es que el número de solicitudes de patentes de residentes (peruanos) se ha mantenido casi constante, alrededor de 40.

En Estados Unidos los peruanos registraron ocho patentes en el 2003, pero en el 2006 solo patentaron dos. Los chilenos tuvieron una patente en 1998 y el 2006 llegaron a 76. Los brasileños tuvieron 115 en 1996 y llegaron a 341 en el 2006. Los costarricenses empezaron con dos en el 2002 y en el 2006 estuvieron en 17.

En el Perú --que empezó a reconocer las patentes en 1994-- el incentivo ha funcionado solo para los no residentes y ha sido totalmente ineficaz para los residentes. Más aún, los peruanos prácticamente no han registrado patentes en Estados Unidos.

Para despegar en cuanto a patentes es necesario un Ministerio de Ciencia y Tecnología, que impulse y fomente la inventiva en los centros de investigación, las universidades e instituciones empresariales. Para promover la inventiva en la población es urgente un museo interactivo de ciencia y tecnología. Los resultados se verán al largo plazo, pero si no empezamos nos quedaremos solo como exportadores de productos primarios.


OPTIMIZACIÓN DEL SISTEMA DE CIENCIA Y TECNOLOGÍA
Entrampados en la burocracia

Por Modesto Montoya

Diario El Comercio 30-06-08

Que el Perú sea uno de los países que menos invierte en ciencia y tecnología en América Latina ya no sorprende a nadie. Eso no impide al Gobierno aumentar la burocracia y desarticular más el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología (Sinacyt).

El Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica (Concytec) es el encargado de dirigir, fomentar, coordinar, supervisar y evaluar las acciones del Estado en este sector. En el Concytec, adscrito al Ministerio de Educación, se creó por ley el Fondo Nacional de Desarrollo Científico, Tecnológico y de Innovación Tecnológica (Fondecyt), para captar, gestionar, administrar y canalizar recursos de fuente nacional y extranjera, destinados a las actividades del Sinacyt, dentro del marco de las prioridades, criterios y lineamientos de política establecidos en el correspondiente plan nacional.

El 19 de julio del 2006, el Gobierno y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) suscribieron un contrato de préstamo para el Programa Nacional de Ciencia y Tecnología, que ahora cuenta con 36 millones de dólares. El objetivo de este programa es mejorar los niveles de competitividad del país, a través del fortalecimiento de las capacidades de investigación y de innovación tecnológica, el mismo objetivo del Concytec.

Sin embargo, en vez de colocar los recursos del BID en el Fondecyt se ha creado el Fondo para la Innovación, la Ciencia y Tecnología (Fincyt), adscrito a la Presidencia del Consejo de Ministros, para cuya gestión se ha levantado una burocracia paralela a la del Concytec, la que gastará un porcentaje significativo de los recursos del mencionado programa. Al final, el Concytec se ha quedado con un Fondecyt vacío y con una burocracia que bien puede administrar el Fincyt.
La cosa no queda allí. Desde el 2006 se gestó la creación de lo que ahora se llama el Fondo de Investigación y Desarrollo para la Competitividad (Fidecom), que cuenta con 200 millones de soles, para financiar proyectos de transferencia e innovación tecnológica, proyectos que también sufraga el Concytec. Sin embargo, este fondo será administrado por el Ministerio de la Producción.

Como si fuera poca la confusión, producto del canon minero se tienen 80 millones de dólares, que deben dedicarse a la investigación científica y tecnológica en una gran parte de las universidades peruanas, sin articulación nacional alguna y, lo que es peor, sin proyectos de investigación en qué invertir.

También se tiene el Incagro, institución que cuenta con unos 16 millones de dólares para financiar proyectos de innovación y competitividad para el agro peruano, que es un programa del Ministerio de Agricultura.

Como organismos de investigación se tienen a los institutos de investigación científica y tecnológica, adscritos de diversos sectores, que juntos cuentan con presupuesto aproximado de unos 100 millones de dólares, utilizados principalmente en pago de planillas.

Este conglomerado de instituciones desarticuladas conlleva un desperdicio de recursos en un país que tiene pocos. Mientras esto ocurre en el Perú, en nuestro vecino del sur se van a utilizar unos 92 millones de dólares solo para preparar a doctores en ciencia y tecnología y en la repatriación de un grupo de investigadores que formen la masa crítica para impulsar el desarrollo científico y tecnológico. Sus planes apuntan a salir del subdesarrollo, donde permanecerán solo los países que no gestionan seriamente los recursos asignados a este estratégico sector.

En el Perú, un mínimo de dosis de racionalidad nos conduce a pensar en la necesidad de crear el ministerio de ciencia y tecnología, que integre los esfuerzos en este sector, que optimice el uso de los recursos siguiendo un solo plan de desarrollo científico y tecnológico, dirigido por un solo organismo, que termine con el caos burocrático que de científico tiene muy poco.


¿Un TLC sin ciencia ni tecnología?

Por Modesto Montoya
Diario La República. Vie, 10/03/2006

En mis tiempos escolares me llamaba la atención cómo los maestros ponían énfasis en las clases sobre tratados de límites territoriales y las guerras que habían sido necesarias para llegar a ellos. Pero comprendí mejor el tema al ver cómo los agricultores se enfrentaban entre sí por los linderos de sus chacras, las que les permitían sobrevivir. A muchos no les quedó ni una parcela. Otros apostaron por el estudio y hoy tienen mejores niveles de vida que los que ganaron todos sus juicios sobre propiedad de suelos. ¿Qué pasó? La tierra dejó de tener tanto valor y el conocimiento empezó a mostrar el suyo. La historia de los países ha tenido la misma evolución: varios son ricos porque apostaron a la investigación, y otros son pobres porque escogieron el camino de las materias primas.

Ahora los tratados de moda entre los países son los TLCs, con énfasis en la propiedad intelectual y las patentes. La buena noticia es que los conocimientos no tienen límites. Uno de los primeros países que lo comprendieron fue Estados Unidos. Comprendiendo que el conocimiento es una fuente inagotable de riqueza, EEUU practica una estrategia de atracción de científicos e ingenieros. Parte de esta estrategia la constituyen las becas de posgrado. Los países que no han comprendido el sentido de la historia han dejado o están dejando partir a sus mejores cerebros.
El TLC reconoce y promueve la generación de conocimiento. Es un tratado que favorece a los países que cuentan con laboratorios, científicos, ingenieros y técnicos capaces de generar patentes o materia de propiedad intelectual. Con el TLC, los países que no apostaron al conocimiento empiezan con desventaja.

Sin embargo, como el potencial está en todos los pueblos y el conocimiento no tiene fronteras, el TLC también constituye una oportunidad. Para aprovecharla, hay que empezar por retener o atraer los cerebros, y fortalecer las instituciones creadas para generar conocimiento científico y tecnológico.

En el Perú se han creado instituciones especializadas en la generación de conocimiento científico y tecnológico para atender las necesidades de la comunidad. Entre esas instituciones están la Comisión Nacional de Investigación y Desarrollo Aeroespacial, el Consejo Nacional de Camélidos Sudamericanos, el Instituto Antártico Peruano, el Instituto Geográfico Nacional, el Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana, el Instituto del Mar del Perú, el Instituto Geofísico del Perú, el Instituto Geológico Minero y Metalúrgico, el Instituto Nacional de Becas y Crédito Educativo, el Instituto Nacional de Estadística e Informática, el Instituto Nacional de Investigación y Extensión Agraria, el Instituto Nacional de Investigación y Capacitación de Telecomunicaciones, el Instituto Nacional de Recursos Naturales, el Instituto Nacional de Salud del Perú, el Instituto Peruano de Energía Nuclear, el Instituto Tecnológico Pesquero del Perú, el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología y el Servicio Nacional de Sanidad Agraria, que conforman el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología, encabezado por el Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación Tecnológica.

Sin embargo, las prohibiciones de nombramiento de personal, establecidas por las sucesivas leyes de presupuesto, no permiten ni siquiera reemplazar a los cesantes, a pesar de que los científicos e ingenieros dedicados a la investigación y desarrollo constituyen hoy menos de la mitad del personal. Para evitar la extinción de las instituciones de ciencia y tecnología por disminución crítica del número de investigadores, debe crearse el Grupo Ocupacional Científico y Tecnológico (GOCYT) en los institutos del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología (SINACYT), y dotarlo de las mismas posibilidades de nombramiento con las que cuentan los militares, los policías, los diplomáticos, los jueces, los médicos y los docentes.


Piden ministerio de Ciencia y Tecnología

Diario La República. Mié, 04/02/2009

En día de la energía nuclear, Montoya exigió una real política científica. “Si la ciencia sigue ajena a la cultura de los políticos seremos solo observadores del avance de otros”, dijo.

Elizabeth Prado

El físico nuclear Modesto Montoya consideró que el desarrollo nuclear del Perú se logrará mediante un plan estratégico de ciencia y tecnología que promueva la investigación, la renovación de científicos y que limite el éxodo de talentos. “Somos observadores en todos los campos de la ciencia y así será mientras el paradigma primario exportador siga arraigado en la mente de nuestros gobernantes, de los empresarios y del público en general”, indicó.

Montoya pidió la creación del ministerio de Ciencia y Tecnología, y recordó el ejemplo de gobernantes como el presidente Barack Obama, que en su discurso inaugural de dieciocho minutos, cinco los dedicó al tema de la ciencia y la tecnología considerándolas fundamentales para elevar el nivel de vida de los norteamericanos. “No como los nuestros que son capaces de hablar dos horas sin pronunciar una sola vez la palabra ciencia”, anotó.

El científico, doctorado en la Universidad de París, señaló la urgencia de empezar a dominar parte de la tecnología para construir reactores nucleares en cooperación con otros países como ya lo están haciendo Brasil y Argentina. “Ellos en conjunto tienen el número suficiente de ingenieros y científicos para hacerlo, en tanto nosotros no llegamos ni a veinte. Jorge Heraud, Ronald Woodman, Heriberto Sánchez, Víctor La Torre, Jesús Aymar, son algunos y todos estamos sobre los cincuenta años”, manifestó.

En cuanto al reactor peruano de Huarangal, aclaró que este es enteramente de investigación y no está orientado a generar energía eléctrica como algunos creen.

Montoya reafirmó el objetivo que se han propuesto los científicos peruanos: convencer a la sociedad sobre el valor de la ciencia.

Claves

134 años. Hoy, 4 de febrero, el Instituto Peruano de Energía Nuclear cumple 34 años de creación.
Primer paso. Fue la carta de intención de 1977 firmada entre el Instituto Peruano de Energía Nuclear y la Comisión Nacional de Energía Atómica Argentina para el suministro, construcción, montaje y puesta en marcha de un Centro Nuclear. Fue declarado de interés y necesidad nacional por sus efectos mediatos en el desarrollo del Perú.



Ciencia sin perro lazarillo
El Estado parece haber condenado a muerte a los centros de investigación científica y tecnológica

Por Modesto Montoya

Diario El Comercio 02-11-07

El presidente Alan García, en su artículo "El síndrome del perro del hortelano", enumera las resistencias que existen a la explotación de los innumerables recursos naturales peruanos. Al final de su artículo, en un párrafo pequeño, se refiere al tema de la educación señalando a "los malos profesores y malos funcionarios que exigen no ser evaluados para esconder su mediocridad y así el sistema sigue produciendo resultados sin valor".

Es bueno que tratemos de explotar los recursos naturales. Pero eso no es suficiente. Los países que pretenden crecer, con el menor impacto ambiental posible, apuestan al conocimiento científico y tecnológico. La presidenta Michelle Bachelet, en ocasión de la duodécima Semana Nacional de Ciencia y Tecnología, dijo a los chilenos: "Creo que es evidente para todos nosotros que en un país como el nuestro, que requiere seguir desarrollándose, un tema como la innovación, la ciencia y la tecnología es clave". Y en la reciente inauguración del Centro de Estudios en Ciencia y Tecnología de Alimentos de la Universidad de Santiago, la presidenta Bachelet anunció que, desde ahora hasta su bicentenario, Chile iba a subir de 0,6% a más de 1% del PBI su inversión en ciencia y tecnología (el Perú invierte apenas el 0,11 % del PBI para estos fines).

Chile está decidido a innovar. La sola presencia del primer mandatario de un país en actividades de ciencia y tecnología incentiva a los profesionales jóvenes para iniciarse o seguir en ellas.

En el Perú, en la reciente conferencia internacional Universidad y Empresa, organizada por Universia, se mostró, una vez más, lo poco que el Perú invierte en innovación, y la poca confianza que tienen los empresarios en la universidad y los centros de investigación. La consecuencia lógica de una situación como esta es la dependencia tecnológica y la pobreza que se vive.

Más aun. El Estado parece haber condenado a muerte a los centros de investigación científica y tecnológica, cuyos investigadores tienen una edad promedio de 50 años. A pesar de ello, cada año la Ley de Presupuesto Público prohíbe nombrar a nuevos investigadores. En julio del 2006 se promulgó una ley de crédito suplementario, una de sus cuyas cláusulas levantaba esa prohibición. Desafortunadamente esta fue repuesta en agosto de ese mismo año. ¿En esas condiciones, cómo atraer a nuestros talentos del extranjero? ¿Cómo vamos a generar valor agregado a nuestras materias primas? ¿Competiremos en el mercado internacional con 'viejas glorias'?

Algunos grupos de funcionarios públicos se oponen a ser evaluados, incluso en las universidades y centros de ciencia y tecnología. Sin embargo, el presidente García tiene el poder para legitimar su voluntad, aplicando criterios meritocráticos en la asignación de los cargos de confianza de instituciones de investigación científica y tecnológica del Estado, según créditos universalmente reconocidos: 1) Grados de doctor en ciencia y tecnología obtenidos en universidades de prestigio. 2) Producción certificada por artículos publicados en revistas internacionales indexadas o inventos patentados. 3) Liderazgo reconocido por la sociedad y por el empresariado, que es el que finalmente invertirá en proyectos de riesgo con las universidades o institutos.

Esto debe ir acompañado de la reestructuración del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología, tendiendo a la optimización del uso de los recursos; y del establecimiento de la carrera de investigador científico y tecnológico, con un reglamento que asegure que los más competentes y productivos tengan mejores remuneraciones y responsabilidades de dirección.

Con la firma del TLC con Estados Unidos, la ciencia y la tecnología se convierten en urgencias nacionales. La competitividad nacional requiere decisiones coherentes que incentiven los esfuerzos y la creatividad de todos los peruanos. La ciencia no puede avanzar como ciego sin perro lazarillo.

Ciencia y Tecnología en el Perú

Diario El Comercio
A LA ZAGA EN LATINOAMÉRICA
Diario El Comercio 02-08-09

El Perú invierte poco en ciencia e investigación. Destina apenas US$4 anuales per cápita; Brasil aporta más de US$60.


El más recordado de los hallazgos científicos en el Perú ocurrió hace 124 años y acabó con la inmolación de su investigador: a sus 28 años, Daniel Alcides Carrión se inoculó la sangre de una paciente infectada con verruga y demostró con su lenta agonía que esta y la fiebre de La Oroya eran la misma enfermedad. “Solo a él, que vivió en un ambiente de aventura perpetua, en su nativo Cerro de Pasco, se le pudo ocurrir que la inoculación de brazo a brazo demostraría la “inoculabilidad” de la enfermedad de un ser vivo a otro”, ha escrito el reconocido médico Uriel García.


— ¿Qué otro hallazgo científico de esta trascendencia se ha hecho en el país después de este?, le preguntamos al científico físico Modesto Montoya, ex presidente del Instituto Peruano de Energía Nuclear.


— ...Me pones en problemas — dice, pero continúa— hay algunas investigaciones que se están haciendo en universidades, propiedades de algunas plantas que se están descubriendo pero que todavía no llegan a la parte comercial. En la parte física se están investigando algunas sustancias químicas que al verterlas en el agua podrían potabilizarla…


El hombre de ciencias recuerda más descubrimientos aislados, pero pronto pisa la realidad.


Si el número de registros de patentes mide el pulso del estado de la ciencia en un país (el invento se convierte en patente, y este en dinero para el científico y el país: así funciona el círculo), la nuestra es una situación más que angustiante. Basta mirar la infografía que ilustra esta página para entender que el Perú está en la cola del conocimiento: de 34 patentes registradas en 1993 se pasó a 28 en el 2007, número mucho menor incluso al de 1978, cuando se reportaron 50.


El discurso de las autoridades políticas —persistente y provocador— sobre la importancia del conocimiento en esta sociedad se queda, una vez más, en el papel. Según la Red de Indicadores de Ciencia y Tecnología (una organización que maneja una base de datos de la región), el Perú invierte en investigación y desarrollo menos de 4 dólares anuales por habitante, mientras que Brasil supera los 60, Chile alcanza los 25 y Argentina bordea los 30. Comparación morbosa adicional: EE.UU. invierte por ciudadano 300 veces más: 1.200 dólares al año.


Conclusión: como el conocimiento o se compra o se produce, al Perú solo le queda comprar, y a precios muy altos. “La dependencia de las tecnologías extranjeras nos hace más pobres”, dice el presidente de la Academia Nacional de Ciencias, Roger Guerra-García. Hay un dicho recurrente entre los investigadores peruanos: ser científico en el Perú es como ser torero en Nueva York.


EXIGUO PRESUPUESTO

El país, como sucede con varios otros campos, tiene una ley para la ciencia, pero, como sucede también con la mayoría de las mismas, es más retórica que práctica. Dice, por ejemplo, que el Concytec es el organismo rector del sistema nacional de ciencia y tecnología, pero en realidad no tiene competencia sobre lo que los institutos de investigación dispersos en los diferentes ministerios hacen o no.


“Cada instituto diseña su proyecto de manera independiente, y muchas veces las investigaciones se duplican”, explica Montoya. La falta de liderazgo —según él— se debe a que el Concytec no tiene rango ministerial (ver nota vinculada) y a que, por lo tanto, su presupuesto es escaso y sus decisiones no tienen peso.


El actual presidente de esta institución dependiente del Ministerio de Educación, Augusto Mellado, recuerda que el presupuesto se redujo dramáticamente durante el fujimorato hasta alcanzar los niveles actuales. “Aunque el año pasado se incrementó en S/.2 millones, ahora contamos con 14 millones”.


El Perú invierte solo el 0,15% de su PBI en el desarrollo de la ciencia; en Chile, es cuatro veces más. “La meta es alcanzar el 1,6% en cuatro años”, añade Mellado. Es optimista, pero Guerra-García no lo es tanto. “En el Congreso hay mucha ignorancia sobre el tema. Por ejemplo, en el Perú se gradúan no más de 10 doctores en ciencias al año, mientras que en Chile esta cifra se multiplica por diez; es esto lo que los debería preocupar, no el armamentismo”, dice.
La ciencia no es políticamente rentable porque no cumple dos principios básicos de la política peruana: inmediatez y visibilidad. Sus logros son a mediano y largo plazo, su impacto nada tiene que ver con ladrillos y cemento.


DECEPCIÓN ACADÉMICA

“Estimados amigos:Les escribo estas notas desilusionado con el discurso del presidente García: ni una sola referencia a la ciencia. Un discurso con más de lo mismo, que tantos kilómetros de carretera, que tantas inversiones, que tanta mayor oferta de exportación de materias primas. Hubo sí, un deseo de que el Perú sea parte del primer mundo en el 2021. ¿Pero sabrá nuestro presidente que la única manera de ubicarse dentro de él es con desarrollo científico?...”


Así comienza la carta que el científico Víctor Benavides escribió el 30 de julio a los 40 miembros de la Academia Nacional de Ciencias. Su decepción es compartida por todos sus integrantes. A Montoya, hace unos días, un investigador estadounidense le respondió un correo que había escrito recomendando a una joven investigadora: “Su recomendación es un poco incoherente, si esta joven es tan buena, ¿por qué no tiene trabajo en el Perú?”, le dijo. Montoya, avergonzado, se pregunta: “¿Cómo le iba a explicar que la ley nos impide nombrar profesionales, aunque sean buenos?”.


EN PUNTOS

Ministerio o por lo menos rango ministerial1. Los investigadores sostienen que el Concytec debería ser la entidad que centralice, canalice, oriente y lidere las investigaciones del país.


2. Modesto Montoya sostiene que es necesario tener un ministerio de la ciencia o que, por lo menos, el Concytec asuma un rango ministerial.


3. Argentina, Costa Rica y Brasil cuentan con un Ministerio de Ciencias, y en el caso de Chile, la Conacyt tiene rango ministerial.


4. Según Montoya, con un ministerio especializado, lejos de incrementarse el gasto, este se podría reducir pues se evitaría duplicar funciones entre los pequeños institutos con enormes cuerpos burocráticos.


5. Calcula que podrían ahorrarse US$ 30 millones.


Estiman que solo el 10% de los docentes universitarios investiga


Las llamadas a ser las promotoras del conocimiento son las universidades. Sin embargo, la producción se concentra en las públicas como la Universidad Nacional de Ingeniería, San Marcos y la Agraria, y solo dos de las privadas, la Cayetano Heredia y la Católica. Como señala el presidente de la Academia Nacional de Ciencias, Roger Guerra-García, la mayoría de casas superiores de estudio del país no investiga.


Guerra-García estima que en el Perú debe haber solo 500 doctores, con una edad promedio de 60 años. “De ese total, el número de investigadores no debe superar los 150”, añade. Pero hace un cálculo aun más escalofriante: “Menos del 10% de los docentes de las universidades investiga”.


En tanto, el científico Modesto Montoya sostiene que no hay incentivos para la investigación y que “cada vez esta se deprecia más”. Cuenta, por ejemplo, que en 1972 tuvo que hacer una tesis para graduarse de bachiller y luego otra para licenciarse. “Luego vino una ley maldita, así la llamo yo, que permite el bachillerato automático, después apareció la posibilidad de obtener la licenciatura solo con examen o a través de un curso. ¿Cómo se piensa entonces fomentar la investigación si la tesis es la primera investigación que uno hace?”, inquiere.


Los investigadores recuerdan que cuando se evalúa el rendimiento de los docentes en las universidades, la organización de eventos o el ocupar un cargo tiene tanto o más peso que las investigaciones del catedrático.


Hace poco, el mandatario estadounidense, Barack Obama, afirmó que su país necesitaba alrededor de 300 mil nuevos científicos para recuperar su antiguo crecimiento. Aseguró que, para ello, atraerían a talentos del mundo entero. “Para mí es una declaración de guerra. ¿Qué pasaría si hubiera dicho: “Necesitamos oro, vamos a traerlo de donde haya”?”, dice Montoya.
SEPA MÁS¿Desinterés cultural?“El desinterés por la ciencia en el país es cultural”, cree Roger Guerra-García, presidente de la Academia Nacional de Ciencias. “Las universidades que se crearon, como las que existían en España, no cultivavan las ciencias. Los españoles compraban la tecnología a otros países; sin embargo, con los siglos, sí han logrado impulsar la investigación”.


EDITORIAL DEL DIARIO ELCOMERCIO

Apoyo a la ciencia o la más injusta de las exclusiones

El Comercio 03-08-09


El reto de toda sociedad moderna, más aun en los actuales tiempos de la globalización, es garantizar democracia, bienestar y desarrollo humano. Esto implica, parafraseando al premio Nobel Amartya Sen, ir más allá de la macroeconomía para reconocer los derechos de las personas, satisfacer sus necesidades fundamentales y proveerles las condiciones necesarias para que puedan desarrollarse de manera integral. Prueba de ello es que, como ha informado nuestro Diario ayer, los países más desarrollados y con un PBI pujante son aquellos que han invertido en el bienestar físico, emocional e intelectual de sus ciudadanos, concediéndoles acceso al empleo digno y a los servicios básicos, la posibilidad de participar en las decisiones que afecten su desarrollo, y recursos para impulsar la ciencia y la tecnología.


En estos temas, nuestro país sigue a la zaga, sobre todo en lo que corresponde a la investigación y el desarrollo, campo en el que nos hallamos en el puesto 84 en un ránking mundial que incluye a 127 países. Lo peor es que, como han reclamado científicos peruanos, no existen indicios de que el Estado quiera revertir tan dramática y desalentadora situación.


Sin embargo, hay indicadores que no deberían pasar desapercibidos para el Gobierno, responsable de erradicar el desinterés cultural que existe en las instituciones estatales llamadas a recuperar la inquietud investigativa.


El Perú invierte en investigación solo el 0,15% del PBI. Esto implica 4 dólares anuales por habitante, mientras que Brasil invierte 60 dólares, Chile 25 y Argentina 30 dólares. Salvo cinco universidades limeñas (tres nacionales y dos privadas), el resto (más de 90) no promueve el conocimiento; así, solo 10% de los docentes universitarios investiga.


Ante tan calamitoso panorama, las salidas son múltiples, pero podrían resumirse en una: establecer una política de Estado que más allá del gobierno de turno frene el déficit cultural. Eso significa elevar los recursos que el erario concede a la investigación o promover estrategias conjuntas con el sector privado para incentivar su participación, como sucede en otros campos del arte, la educación y el deporte. En segundo lugar, debe fortalecerse el Consejo de Ciencia y Tecnología (Concytec). Dotársele de los recursos que requiere para financiar la investigación, las becas y otros estudios de posgrado de peruanos con futuro y, como han propuesto muchos especialistas, estudiar la posibilidad de darle rango ministerial para que pueda centralizar la labor que hoy desarrollan de manera dispersa e insuficiente otros centros de investigación existentes en la administración pública.


Mientras Estados Unidos se ha propuesto captar a los científicos del mundo (necesita 300 mil, según Barack Obama), países como el nuestro no hacen nada por retener a los talentos, que fugan en busca de mejores oportunidades.


Para El Comercio, que siempre ha promovido la educación y espacios para la difusión de la ciencia, es prioritario que los medios de comunicación se sumen a esta causa. Como señalamos en nuestras Propuestas para una Agenda de Gobierno, frenar las posibilidades de desarrollo de las personas y su acceso a la educación y a la investigación es la más injusta de las exclusiones.

jueves, 30 de julio de 2009

Luis Jaime Cisneros y la universidad peruana

Universidad e investigación

Por Luis Jaime Cisneros

Diario La República
Sáb, 06/12/2008


Los franceses están preocupados. Y con razón. En la clasificación anual que sobre más de 500 instituciones de enseñanza superior realizó la universidad Liao Tong de Shanghai, las instituciones francesas muestran un descenso respecto del lugar que ocuparon en la clasificación del año anterior. El año pasado ocupaba el sexto lugar entre los 37 países convocados, y ahora ha descendido a un sétimo lugar.

La primera universidad de Francia (París VI) ocupa ahora el puesto 42, tras haber alcanzado el puesto 39 el año pasado. Una buena noticia, en medio de tanta tiniebla: la Escuela Normal Superior ha avanzado 10 puestos en la clasificación mundial y representa ahora el puesto 22 en el nivel europeo, cuatro puntos más que el año anterior.
Como señala la prensa francesa, no hay que exagerar, pues debemos considerar que esta evaluación de Shanghai solamente tiene en cuenta la investigación producida en el seno de cada institución. Se explica, así, que ocho universidades norteamericanas aparezcan consideradas entre las 10 ‘mejores universidades mundiales’, y que Gran Bretaña continúe luciendo los institutos de Cambridge y Oxford.

Pero lo que procuro destacar no es el lamento de la prensa. Me interesa poner de relieve la reacción de la FAGE, que es la ‘Federación de asociaciones generales estudiantiles’, una de las principales agremiaciones de estudiantes. Se ha sentido con derecho a reaccionar afirmando que “la omnipresencia de la investigación, el predominio de las publicaciones anglófonas, así como el desconocimiento de los medios financieros propios de cada establecimiento no permiten juzgar bien la pertinencia pedagógica y científica de las universidades francesas”.
Por su parte, la ministra Valerie Pécresse, responsable de la enseñanza superior, piensa que “queda de relieve la urgencia de reformas en la universidad”, para asegurar “la calidad de las universidades europeas”. Está dicho, así, en varias lenguas: sin investigación no hay universidad; pero sin dinero, no hay investigación. Tengámoslo presente para defender lo uno y para exigir lo otro. A los profesores nos toca ayudar a los estudiantes a descubrir sus talentos y asegurar el rigor para alcanzar una investigación de calidad. Al Estado le alcanza, como deber y obligación, asegurar los dineros.

La noticia nos sirve para comprobar que la crisis en el sector educativo no es exclusiva de nuestro continente ni del país, sino que se la sufre, con perspectiva singular, en el mundo entero. Traigo el hecho a colación para reflexionar sobre el quinto objetivo del Proyecto Educativo Nacional, que busca “asegurar una educación superior de calidad que brinde aportes efectivos al desarrollo socioeconómico y cultural del país a partir de una adecuada fijación de prioridades y teniendo como horizonte la inserción competitiva del Perú en el mundo”.

Si analizamos detenidamente esta exposición de objetivos, podemos entender la reacción de la prensa y estudiantes franceses ante los resultados de la evaluación de Shanghai. La educación superior nos conecta con el mundo. Lo consigue a través de la enseñanza de calidad y de la investigación rigurosa. Por eso el Consejo Nacional de Educación reflexiona sobre lo urgente que es (ahora, y no más tarde) “una ley del sistema de educación superior que lo constituya como etapa del sistema educativo”. Y como esa educación debe conectarnos con el mundo, esa ley debe mirar simultáneamente al Perú y a los cuatro puntos cardinales. No se trata de copiar sistemas ajenos, sino de atender a realidades ajenas y a la necesidad de concertar, tras haber analizado la perspectiva de nuestro futuro, los caminos y las conductas necesarias para alcanzar una educación superior de calidad y asegurar un clima de investigación atento a nuestras necesidades económicas, sanitarias, culturales.

No se trata de una ley sobre universidades, porque ya es hora de abrir los ojos y superar el aturdimiento. La educación superior se imparte en instituciones como escuelas, institutos y universidades. Las tres tienen la misma jerarquía. Para acceder a las tres hay que haber sido buen estudiante y hay que tener la aptitud requerida. Si el mundo ha progresado tecnológicamente, obligación de todo gobernante es asegurar que el sistema educativo oriente, desde los momentos escolares, la inquietud por el mundo científico-tecnológico. Hay que despertar en el alumno el interés por los trabajos científicos de todo orden (y la preocupación ecológica nos alerta), tratando de que abra su interés al mundo de la creación y la investigación. Antes que la memoria, hay que estimular el talento.

Sociedad del conocimiento
Por Luis Jaime Cisneros
Diario La República
Dom, 15/03/2009

Cuando un estudiante llega a la universidad, desde la primera semana tengo una clara idea de lo que la escuela ha contribuido para su comportamiento en el aula. Por cierto, lo primero que ausculto se relaciona con la esfera de la comunicación: gestos y vocabulario me van revelando sus habilidades y destrezas. Y por supuesto, sus lecturas. Como desde hace años me invade una niebla intensa, me he venido interesando en su comportamiento lingüístico. No me refiero a la ortografía, que no me inquieta por muy agraviada que esté. Me preocupa, en cambio, su dificultad para enfrentarse a los textos teóricos. Y por lo tanto, no se halla preparado para comentar y debatir lo que lee.

Así comienzan nuestras dificultades. Dificultades para él y también dificultades para mí, como responsable de ayudarlo a buscar y descubrir el conocimiento. Ayudarlo a desprenderse de hábitos escolares y auxiliarlo para que se descubra lector en aptitud y capacidad suficientes para enfrentarse a la búsqueda del conocimiento son las grandes tareas a que se ve convocada la universidad, tarea ciertamente inesperada 20 años atrás.


Es bueno que los docentes aceptemos la realidad de estos hechos, para asegurar calidad a nuestra tarea. Si a la universidad llegan estudiantes que no han sabido enfrentar el beneficio de la duda científica, nada obtendremos con recomendarles textos que no pueden leer ni tareas que no sepan comprender. Debemos, para ser exigentes desde la hora inicial, enseñarles a aprender. Sea cual fuere la asignatura que nos toque explicar, esa es la tarea esencial. Si la escuela hubiera aclimatado al estudiante a la lectura de textos científicos a la par que textos literarios, otro sería el cantar. Pero como el problema existe, hay que insistir, desde la hora inicial, en cubrir tales ausencias, para exigir aprendizaje de calidad.


Y es que conviene pensar en dos tipos de sociedad, de los que poco hablan los textos escolares. Desde hace medio siglo compartimos una sociedad bifronte: por un lado nos movemos en una sociedad industrial, cuyos modelos de vida compartimos con una sociedad del conocimiento. La vida moderna es una vida que nos entrena a movernos en constante competencia. La escuela debe enseñar a competir en esta sociedad.


Se trata de un mundo peculiar. Por un lado, urgencias de dinero y urgencias de consumo. Por el otro, la velocidad y la máquina. Todos quisiéramos que el saber fuera velozmente accesible. Pero hay que saber esperar para ayudarnos a madurar. Hay que aprender a caminar pausadamente, conscientemente, para aprender a llegar a la meta. Si la escuela no ha contribuido a esa primera lección, pues nos toca lograr que la universidad acierte a brindar la necesaria ayuda. Y este es el momento en que debemos reflexionar sobre cómo hemos descuidado, en la casa y en la escuela, entrenar a los muchachos sobre los valores.


No es asunto que sólo a nosotros incumbe. La prensa mundial nos alerta. Los valores están en crisis, y lo advertimos cuando son precisamente los jóvenes los que protagonizan, aquí y allá, situaciones y desórdenes escalofriantes. No nos ocultemos las cosas: crisis en el hogar, añadida a crisis en la escuela, son triste anuncio de sociedad imperfecta. Cuesta trabajo, tras leer noticias sobre lo que ocurre en el mundo, imaginar que podamos reconocer la existencia de una sociedad industrial frente a una sociedad del conocimiento.


A esta altura del mundo, imaginarlas como independientes resulta ingenuo. Reconocerlas como obligadas partícipes de la actualidad requiere urgente reflexión. Y cuando alguien intenta, desde la sociedad del conocimiento, reflexionar sobre temas pedagógicos, descubre la importancia que adquieren los valores, debemos apagar radio y televisión y sentarnos a reflexionar sobre nuestra responsabilidad como ciudadanos de esta hora y de este país nuestro, cruzado de cordilleras. En todo esto me ha obligado a pensar el libro que Martiniano Román ha dedicado a la capacidad y valores como objetivos, en una perspectiva didáctica.

Para qué más universidades

Por Luis Jaime Cisneros

Diario La República

Jue, 20/11/2008


Debo confesar que me preocupa la facilidad con que creamos y creamos universidades. Estamos haciendo de la palabra una distorsión no solamente léxica, sino social. La enseñanza superior tiene varios modos de ofrecerse: se hace en las escuelas, en las universidades, en los institutos. Es ingenuo pensar que porque estudiamos en una escuela estamos culturalmente en un rango menor. Cuando hablamos acá de la Escuela de Bellas Artes, nadie piensa que se trata de una academia de preparación. Tuvimos una buena época de la Escuela de Ingenieros y de la Escuela de Agricultura. A los militares se les ocurrió que subíamos de nivel si las hacíamos 'universidades'.


Conviene, por eso, aclarar las cosas. De un tiempo a esta parte, da pena leer en los diarios los avisos de algunas instituciones que parecen competir, dada la estructura de su avisaje, con los grandes emporios comerciales. Para no volver sobre este aspecto: una institución de estudios superiores no amerita en el mundo científico por el tamaño de sus edificios ni por el número de alumnos. Lo que se tiene en cuenta es qué investigan y qué publican profesores y alumnos. Las tesis de los graduandos dicen el grado de validez de cada institución de estudios superiores.


Ahora que va terminando el año lectivo, conviene precisar las cosas al respecto. La vida universitaria (y me refiero a toda institución dedicada a los estudios superiores) implica una continuidad. Esta palabra es importante. Supone la ruptura de la periodicidad escolar y su reemplazo definitivo por una 'carrera'. Una carrera no conduce a una entelequia. Es precisamente una carrera. Interesa recordar cómo define a la palabra el Diccionario de Autoridades: "Por traslación vale el curso y modo de proceder en la execución y cumplimiento de las cosas pertenecientes al ánimo en lo moral de la vida".


Estamos ante una continuidad, hablamos de algo que es constante. Y es precisamente en la marcha, en el recorrido, donde vamos advirtiendo el progreso, los ajustes, las reformas, los cambios que aseguran el cumplimiento de lo que vamos cursando. Este principio debe servir de marco a la discusión sobre planes de estudio. A lo largo del camino vamos descubriendo la necesidad de irse ajustando a la realidad. Es una realidad a cuya formalización van los institutos de enseñanza contribuyendo gracias a la investigación. Si no hay investigación, no hay estudios superiores (llámense universidades, escuelas, institutos).


Pero es absurdo que nos pongamos a debatir esta clase de problemas cuando, a la vista de todos, nuestra realidad escolar está pidiendo auxilio. ¿Con qué clase de estudiantes vamos a alimentar a las instituciones de enseñanza superior, si no acertamos a ofrecer una enseñanza de calidad, y si muchos creen que tiene más mérito el que gana más que el que más sabe y mejor enseña?
Si los alumnos no estudian con interés y voluntad, (digámoslo sin miedo) la culpa es de los docentes, que creen que el mérito se mide por la antigüedad y el sueldo. El mérito, en asuntos pedagógicos, se mide por el saber. Saber las cosas y saber transmitirlas son los que ameritan. No es fácil para el Estado acertar con estos temas, si es que el país entero no acierta a convencerse de que el tema pedagógico comporta una preocupación nacional.


Este desconcierto reinante en el campo de los estudios superiores tal vez revela que no acertamos todavía en delimitar el papel del Estado. Y necesitamos precisarlo, porque corremos el riesgo de que todo lo relacionado con la universidad termine bajo el dominio de los ministerios de Comercio. Si la enseñanza superior es un 'negocio', poco tiene que hacer con ella el Ministerio de Educación. Y no niego que sea legítimo interés de las empresas apoyar la investigación científica, pues mucho hay que obtener (en beneficio del país) gracias a investigaciones sobre la salud, sobre la alimentación.


El cambio urgente que debemos asumir exigirá, por tanto, deslindar el campo estricto de la política educativa. De pronto descubrimos que nos convendría encargar lo concerniente a la formación escolar a un organismo específico, vinculado con el ministerio ciertamente. La enseñanza superior debería vincular a los colegios profesionales y a algunas empresas con las instituciones académicas, a fin de considerar periódicamente el campo de la investigación y los planes de estudio. Habría que coordinar con el Ministerio de Economía si la contribución empresarial implicaría un modo de tributación. El rigor debe ser el signo vital de toda institución de enseñanza superior. Si así fueran las cosas, nos dará gusto leer avisos que hablan del mérito al estudio, a la investigación y al rigor académico.

La PUCP, casa humanista

Por Luis Jaime Cisneros

Diario La República

Dom, 26/07/2009


En agosto cumpliré 61 años de docencia en la Católica. Hasta entonces, mis cursos sanmarquinos habían estado centrados en la literatura española de la Edad de Oro. La enseñanza en la PUCP estuvo siempre centrada en el lenguaje. Pero no es de esos cursos de los que hablaré. Sí de cómo he visto crecer a la casa. Si el padre Dintilhac y Riva Agüero idearon una universidad que estuviera mirando a los estertores del siglo XIX, he sido testigo de cómo Felipe MacGregor nos enseñó a prepararnos para apreciar y vivir la universidad que debíamos construir y defender en el siglo XXI.


Presente tengo en la mente el recorrido que hicimos Jorge Puccinelli y yo, aquella tarde primera desde San Marcos a la PUCP. Atravesamos el Callejón largo, y desde el Tambo de Belén aprendí a reconocer las grises torres de la Recoleta. Desde esa plaza, recoleta y acogedora, hasta el actual campus de Pando han corrido largas jornadas. Soy testigo de cuánto hizo la universidad por mantener su claro perfil entre la multitud y cuánto luchó para cuidar y reforzar sus esencias. Así aprendimos a reconocer la presencia vigorosa de tantos alumnos inquietos que buscaban cómo alcanzar el porvenir.


Esos años primeros aprendimos a caminar hasta el Instituto Riva Agüero, lugar que sirvió para avivar la inquietud por la investigación. Con el tiempo, profesores y alumnos nos vimos abordados por las luchas en las calles. Fue difícil acomodarse al diálogo de sables. Lentamente, la casa iba creciendo. Esa caminata hasta el Riva Agüero, iluminado por la ciencia y el sano humor de Víctor Andrés Belaunde, duró todos los rectorados del padre Rubén Vargas Ugarte y de monseñor Fidel Tubino hasta el de Mac Gregor.


En los últimos años de los 60, la universidad había crecido. Creció no solamente en número, que no era lo importante. Se dilató el número de los barrios representados en las aulas. Provincianos y limeños compartían las mismas esperanzas. Valía la pena enseñar. Los alumnos de esos años primeros eran muchachos inteligentes y vivamente interesados en la lectura. De pronto esta sorpresa estudiantil se vio estimulada e iluminada en las aulas por la figura de Onorio Ferrero. Hubo un nuevo modo de mirar y entender todo el mundo antiguo. Frente al interés por el aparecer de la conciencia nacional, estimulado por las clases de José Agustín de la Puente, la Edad Moderna era un llamado de alerta para los muchachos. Los sables volvieron, en 1968, a cruzarse en el horizonte, y no en vano la Sociología era el nuevo horizonte abierto a la curiosidad y la inteligencia de los jóvenes. Buena ocasión fue esa para que comprendiéramos lo que, en rigor, correspondía hacer a una universidad.


El rigor científico a que MacGregor nos había estimulado cobró intensidad en todas las disciplinas y aprender no sólo se entendió como un ejercicio de la memoria sino como un empeñoso trajín intelectual. Como el país estaba en juego, había que aprender a pensar en el porvenir, y fue necesario admitir que la universidad tenía una responsabilidad política que no cabía ignorar. Aristóteles había precisado qué era la política. Los griegos habían enseñado qué era y cuáles eran los alcances y objetivos de la política.


Lo que fue inequívoco en estos largos años fue cómo logró MacGregor que comprendiéramos a refundir la fe en la cultura, asimilada en la tradición y expresada en los logros más auténticos del conocimiento y el provecho del saber. Esa fe jamás podrá desaparecer. No se trata de una fe prestada por ademanes sino de una fe surtida e inteligentemente vivida y aprovechada.
En estos 61 largos años he aprendido que una casa de estudio es una casa de voluntades unidas para salvar al prójimo del abandono intelectual y la miseria moral. A ella venimos a estudiar con la certidumbre de que el saber nos hace mejores para eficaz servicio de la polis. La fe fortalece ese estudio y acentúa su perfil humanista. Cuanto más perfeccionamos el saber, mejor entendido está el hombre, nuestro prójimo esencial. A más verdad, saber más sólido y fe más verdadera. Aprender y enseñar son tareas a que nos convoca la verdad. Y me alegra proclamarlo al elegir a Marcial Rubio, mi antiguo alumno, como Rector.